Muchas veces, al querer comprar un anillo de compromiso, nos encontramos con otra expresión que quizá no entendamos del todo: anillo solitario. ¿Sirve para lo mismo, es decir, declararle a la pareja el compromiso que estamos dispuestos a asumir? Pues sí.

Anillo solitario

¿Qué es un anillo solitario?

Hay que tener en cuenta que son términos utilizados en joyería. Así, un “solitario” es la manera de engastar un diamante, y por tanto solitarios pueden ser una pulsera, un colgante, pendientes o también gemelos para hombres. Sin embargo, al unir las dos palabras que nos importan – anillo y solitario –, la referencia siempre recae sobre el anillo de compromiso.

El anillo solitario es, pues, el anillo de compromiso que reciben las mujeres y que dan los hombres cuando realizan la pedida de mano. Y cuando nos hayan dicho que sí, por supuesto. Habitualmente es también el momento en el que ponemos fecha a la celebración del matrimonio.

Cada vez es más popular regalar un anillo solitario, aunque antes la joya era una pulsera, y se llamaba “pulsera de pedida”. Normalmente el hombre recibía a cambio otro anillo, pero liso porque por lo general lo usaba como alianza después del matrimonio, pero en la actualidad se le puede regalar un reloj de pulsera o, incluso, gemelos a juego con el pisa corbatas.

Es común que se coloque en la mano izquierda, aunque eso depende de las costumbres de cada país.

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Características de un anillo solitario y su historia

Entonces, el anillo solitario es un aro de metal noble, generalmente de plata (hoy casi siempre es de oro) con un diamante engastado. Si bien la piedra preciosa más utilizada es el diamante, hay quienes optan por otras igualmente de gran belleza, como las esmeraldas, los zafiros o los rubíes.

El uso de estas piedras, sobre todo del diamante, remite a la dureza del material como símbolo de la fortaleza de la unión entre la pareja, y del amor que se tienen el uno al otro.

Se dice que el primer hombre en regalar un anillo con un diamante engastado fue un enamorado Maximiliano I de Habsburgo a la hermosa María de Borgoña, dueña de los vastos territorios de Flandes, en 1477, cuando decidieron casarse y frenar los indeseados avances territoriales del rey Luis XI de Francia.

La talla de diamantes nació en Brujas y el anillo del archiduque Maximiliano fue realizado en esta ciudad, el primero de su género.

Se colocaba en el dedo anular de la mano izquierda porque existía la creencia de que en este dedo pasa una vena que conecta directamente al corazón: la vena amoris. Cierto o falso, al dedo anular se le llama también “de los anillos” y se sigue colocando en el anular en muchos países, aunque ya se sepa que todos los dedos de la mano tienen una estructura similar.

Pero mucho antes, en la época de los antiguos egipcios, ya se entregaban anillos de compromiso y creían que con este anillo el amor entre los enamorados estaría asegurado y no escaparía por la punta de los dedos. Los hacían de cuero, de fibras vegetales, de hueso o de marfil.

Por otro lado, en la antigua Roma, en tiempos de Plinio el Viejo, como parte del ritual de la pedida de mano, los novios entregaban a los suegros un anillo de compromiso, que era de hierro. Estas argollas simbolizaban fortaleza y permanencia.

Ya en el siglo II a.C. los novios entregaban dos anillos, uno al padre de la novia y el otro a su prometida, que contenía el sello de su casa y con el que se sellaban las puertas de las despensas. Algunos historiadores dicen que era un anillo con forma de llave que abría candados de puertas y cajones donde se guardaban objetos valiosos de la familia. En todo caso, el anillo de compromiso era un símbolo de confianza.

Pero también los judíos, por el siglo VIII, comenzaron una costumbre de entregar un objeto parecido a un anillo en las ceremonias nupciales, pero era demasiado grande para llevarlo en los dedos. Estos anillos eran de la sinagoga y allí se quedaban.

Ya ves, Maximiliano I no instauró la costumbre del anillo de compromiso, pero sí el germen del anillo solitario.

Porque siglos después, en el XX, un publicista norteamericano creó el eslogan “Un diamante es para siempre” en 1947, lo cual disparó las ventas de esta piedra preciosa en Estados Unidos, y después en el resto del mundo, como anillo solitario.

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Tipos de anillo solitario o compromiso

Basicamente, hay dos tipos de anillo solitario: el de compromiso y el anillo solitario de hombre.

El de compromiso por lo general es de oro blanco, aunque en ocasiones es de plata, platino u oro amarillo, todo depende del nivel adquisitivo de quien lo compra. Por otro lado, la piedra que se engasta suele ser una sola (y por eso se llama “solitario”), siendo la preferida el diamante por su brillo, su dureza y el trabajo de tallado a que sea sometido.

El solitario de hombre, por su parte, no tiene una carga amorosa sino más bien de moda o estética. Si bien no es tan común como el femenino, hay cada vez más hombres que son parte de esta tendencia y los usan, y tanto el estilo como el diseño difieren notablemente del anillo de compromiso diseñado para la mujer.

En el solitario de hombre tiene un diseño de una extructura más sólida, con una estética más sobria y varonil. El metal más utilizado es el oro en sus distintas versiones, ya sea amarillo o blanco. Aunque, una tendencia actual, también de oro, que aporta un toque muy exclusivo, es el acabado con baños de Rutenio, dándole un color casi negro, esta tendencia, cada vez tiene más adeptos. 

Diferencia entre anillo de compromiso y de matrimonio

La principal diferencia entre ambos es que el de matrimonio generalmente liso, un aro que suele ser de oro o plata, y debe ser cómodo porque los casados lo llevan puesto a diario.

Se le llama “alianza de matrimonio” y la llevan ambos, hombre y mujer. Tradicionalmente, en el interior del aro van grabados los nombres de los cónyuges o la fecha del matrimonio. El intercambio de las alianzas se hace durante la celebración de la boda.

El hombre da a la mujer su anillo y ella a él, y se los colocan mutuamente. En muchos países se coloca en el dedo anular derecho (y el de compromiso en el izquierdo), pero al igual que con el del compromiso, la mano varía según el país.

Un poco de historia nos lo puede aclarar: a partir del siglo III, los cristianos al contraer matrimonio comenzaron a intercambiar los anillos, pero la Iglesia consideraba esto una costumbre pagana, por lo que hubo que esperar hasta el siglo XIII, es decir, casi mil años, para que la Iglesia aceptara los anillos como formalización del rito. Precisamente a ellos se les debe que sean de oro, un metal noble que simbolizaba la importancia del matrimonio.

Y en 1549, el rey Eduardo VI de Inglaterra decretó que el tercer dedo de la mano izquierda, sin contar el pulgar, fuese el dedo oficial para el anillo, es decir, el anular. También en el Libro de Oración Común, la mano izquierda fue elegida como la “mano del matrimonio”.

En 1615, para no quedarse atrás, la Iglesia romana declaró esta mano como la oficial para el matrimonio en el Ritual romano de Pablo V.

Sin embargo, hoy en día en España y en muchos países hispanoamericanos, la alianza se coloca en la mano derecha.

El hecho de que sea liso no significa que sea sencillo. En la actualidad existe una inmensa variedad de diseños para las alianzas y, aunque en su gran mayoría siguen siendo de oro, también se fabrican de plata, y bañados de otros metales, conseguimos acabados en amarillo, blanco, rosa o negro.

Y las tiendas físicas no son las únicas donde conseguir el anillo solitario que andabas buscando, o la alianza de matrimonio perfecta. En la actualidad internet ofrece los servicios online de joyerías especializadas para la creación de alianzas personalizadas, con orfebres y diseñadores de joyas que se esfuerzan por regalar al cliente una gran experiencia.

Fran Castmay

Como diseñador de joyas, contar historias y representar emociones creando joyas personalizadas, se ha convertido en mi nuevo medio de expresión. ¿Te atreves a vivir una experiencia conmigo? Cuéntame tu historia, juntos la crearemos… empezamos?

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