Cómo guardar las joyas para que no se estropeen

 

Las joyas de cada uno son uno de sus bienes más preciados. Por su valor intrínseco (el del metal o la gema), y por su valor simbólico y emocional.

Precisamente por eso muchas personas aseguran sus joyas, o las guardan en cajas fuertes como éstas, y precisamente por eso debemos tener el máximo cuidado al guardarlas. ¡Y al llevarlas!

Aquí te dejo algunos consejos que espero te ayuden a alargar la vida de tus joyas… o a dejarlas como nuevas si han sufrido algún percance.

Toda mujer tiene un joyero. Comprado, profesional, o casero, pero siempre hay un lugar donde guardar esas joyas.

Por desgracia, lo más habitual es que en ese joyero todo esté manga por hombro. Un batiburrillo de colgantes y pendientes, algunos anillos en sus ranuritas y otros sueltos…

Esto es un error.

Puede que te resulte un detalle insignificante, pero no lo es.

 

guardar las joyas

 

El motivo son las diferentes durezas de metales y gemas: cuando están todas juntas, sin cuidado alguno, unas rayan a otras. Tus bonitos anillos o colgantes aparecerán con arañazos, irán perdiendo su esplendor, porque la fricción que sufren cada vez que abres el joyero y rebuscas, eligiendo una de las piezas, les causa desperfectos.

Por tanto, la primera norma es que utilices el joyero con cuidado. Cada anillo en su ranura, los pendientes en un sitio, los colgantes en otro, intentando que aquello no sea un caos de piezas tocándose unas con otras.

Mención aparte merece el diamante. Con una dureza de 10 en la escala de Mohs, el diamante es la gema más dura de la tierra, lo corta y raya todo. Por eso, cualquier joya con diamantes que tengas debe estar separada de las demás. De hecho, también deben estar separadas entre ellas, ya que un diamante no rayará otro diamante sólo por rozarse, pero sí el metal en el que va montado.

Cuidar las joyas en tu día a día

 Por supuesto, el cuidado de las joyas no sólo debes tenerlo al guardarlas, sino muy especialmente al llevarlas.

guardar las joyas

 

Y es que no puedes hacer cualquier cosa con ellas.

Esa es la maldición de las joyas más cómodas: que olvidas que las llevas, y las sometes a condiciones que no son las más ideales para algo tan delicado como una joya.

  • Bañarse en el mar, bañarse en la piscina, ducharse con jabón y otros productos de higiene personal.
  • Realizar trabajos manuales, de peso, cogiendo cajas u objetos pesados y duros.
  • Incluso rociar accidentalmente la joya cuando te echas perfume…

Todo esto son ejemplos de cosas muy corrientes que acaban por estropear nuestras joyas. Seguro que se te ocurren veinte más.

No quiero decir con esto que cuando llevas una joya tengas que ir con los brazos en alto, evitando que nada ni nadie te toque. Pero sí que a veces, los pequeños gestos marcan la diferencia.

Quitarte el anillo antes de bañarte, o ponerte el perfume antes de ponerte tu collar de perlas, no te suponen ni tiempo ni esfuerzo, y le alargará la vida a tus piezas más preciadas.

Arreglar y reparar cualquier joya es posible

Inevitablemente, tus joyas se irán estropeando. Sobre todo las que más utilices.

O puede que hayas heredado joyas de gran valor (aunque sea sentimental), y estén en malas condiciones, o por ejemplo falte un pendiente.

Todo estos problemas tienen solución, aunque a veces sea inevitable recurrir a la réplica o sustitución.

  • La plata se oxida y ennegrece con el tiempo. Esto puedes solucionarlo tú misma/o en casa muy fácilmente. En este artículo te explico diferentes métodos para limpiar la plata.

guardar las joyas

 

  • El oro pierde su brillo y se “toma” con el tiempo, es decir, va adquiriendo un tono tostado que lo desluce. Esto se solucionará con un enjabonado de la pieza en una máquina de ultrasonido que le podrán dar en tu joyería o taller de confianza.
  • Igualmente, las piezas bañadas en rodio acaban perdiendo esa fina capa con los años. Un nuevo baño de rodio las dejará como el primer día.
  • Si has heredado una pieza que crees pasada de moda, por ejemplo un anillo clásico en oro amarillo, puedes renovarla simplemente con un buen pulido y en su caso, con un baño de rodio: la pieza se transformará en algo completamente nuevo, manteniendo todo su valor.
  • Cualquier gema caída es fácilmente “engastable”. Pero nunca se te ocurra hacerlo tú mismo/a con pegamento. Llévala a un profesional para que la engasten correctamente. Eso sí, ten presente que si a la gema se le ha hecho una muesca, o se ha roto, será inevitable reemplazarla por una nueva.
  • Lo mismo pasa con las perlas. Y, como con las gemas, si se ha estropeado, sólo queda reemplazarla. Las perlas son muy delicadas, y sensibles a cualquier producto. Una rociada de perfume sobre tus perlas puede hacer desaparecer con el tiempo el lustre del nácar y hacer que las perlas dejen de brillar, poniéndose cada vez más feas. En estos casos, sólo te queda reemplazarlas.

¿Y si has heredado un joyero incompleto, o perdido un pendiente de valor? Eso tampoco es problema. En un estudio de joyería como el nuestro, podemos diseñar cualquier pieza.

Si te faltara un pendiente, sólo tendrías que enviar o mostrar el pendiente original, y diseñamos la réplica con exactitud. Será como si la joya nunca hubiera desaparecido.

Espero que estos consejos te sean de utilidad. Y recuerda siempre que, cualquier problema tiene reparación, aunque lo mejor es cuidar tus joyas con el mimo que merecen.

Cuídate, y si te gustó el artículo, ¡compártelo con tus amistades!

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