¿Cuál es el verdadero valor de las joyas?

Hace unas semanas leí este interesante artículo sobre las cifras millonarias que se pagan en las subastas por algunas joyas. El ejemplo más sonado de esto, hasta la fecha, es la venta del diamante Graff Pink (de color rosado) que se vendió en una subasta de Sotheby’s en 2010, en Ginebra, por casi 34 millones de euros.

¿Qué tiene una joya para que alguien pague esa millonada por ella? Sobre eso se indaga en el artículo, aunque claro, casi nadie puede pagar una fortuna así. Se trata de una discusión que nos deja fuera a muchos: en concreto, a todos esos millones de personas en todo el mundo a las que nos encantan las joyas, y estamos dispuestos a pagar un buen dinero por ellas, cada uno dentro de sus estándares económicos.

¿Qué es lo que las hace tan valiosas? ¿Es el material en el que están fabricadas? ¿O hay más?

Se trata de una pregunta con un componente personal inevitable, así que voy a desgranarte algunas claves, y luego me encantaría escuchar tu opinión al respecto.

El material

Empecemos con esto porque es básico. Personalmente no me parece la clave, pero importa: no es lo mismo la plata que el oro, ni es lo mismo un coral, que una perla de los mares del sur, que un diamante. Cada metal, y cada piedra preciosa (orgánica o inorgánica) tienen su valor material, y eso supone la base del valor de esa joya. El mismo anillo, fabricado en oro, será más caro que fabricado en plata. Pero eso es un “coste”. No un valor real.

Porque una joya es mucho más que los materiales de los que está hecha.

Si se tratara de obtener el metal más preciado del mercado, no necesitas que nadie le de forma de joya, te basta con lingotes de oro, o algo por el estilo, que puedas almacenar.

Es decir, el valor de una joya responde más a lo que se hace con esos materiales, que a los materiales en sí mismos.

 

El diseño

Como diseñador de joyas, para mí esta parte es una de las más importantes, de las que le dan más valor a una pieza. Un diamante en bruto nunca tendrá el mismo valor que uno tallado, y precisamente los más valiosos siempre tienen las tallas más perfectas y delicadas del mercado.

En cuanto a la joya completa, el diseño es el encargado de que tú te enamores de la joya. No te enamorará el oro blanco, te enamorará su brillo en esa delicada curvatura del anillo donde se engarza la gema. No te cegarán las piedras: admirarás su brillo, precisamente, porque están situadas compositivamente en el lugar exacto, con la disposición precisa, engalanada en su conjunto con el metal correcto para cumplir tus anhelos y deseos.

Así que ni siquiera te hablaré del esfuerzo y el trabajo que supone diseñar una pieza de joyería. Basta que pienses en si pagarías lo mismo por los mismos materiales, pero sueltos. Y sobre todo, si lo amarías igual.

Regalar joyas en Navidad

Joyas personalizadas Castmay, “Palacio de Cristal” 

La usabilidad

Esto lo apunta el experto en joyas de Sotheby’s, Andrés White Correal, en el artículo sobre subastas millonarias, y tiene mucha razón: buena parte del valor de las joyas está en que se pueda utilizar, tanto por su tamaño como por su diseño.

El ejemplo paradigmático de esto, serían esos anillos ostentosos, incómodos de usar, o aquellos collares ceremoniales de casa real, tan cargados y pesados, que cualquier mujer que lo llevara se sentiría como metida dentro de una armadura.

Y si amas una joya, en general, quieres que los demás la vean, y quizá puedan enamorarse un poco también. Por eso es muy importante la comodidad y la usabilidad de la joya. O lo que en diseño de joyas llamamos ergonomía, que es la capacidad de adaptar una joya a la zona de nuestro cuerpo para la cual ha sido pensada, sin que nos moleste por su peso, por su diseño, sin que se enganche, en definitiva que nos haga la vida más fácil y no al contrario.

 

La rareza y la historia

En el mismo artículo enlazado al principio, se habla de la rareza de las piezas subastadas, y de su historia. Eso, a ojos de los expertos, es lo que acaba lanzando el valor auténtico de la pieza hasta esas cantidades desorbitadas. Un diamante único en el mundo, de la mejor calidad, que además hubiera pertenecido a alguna figura histórica o alguna celebridad, puede quemar en las subastas cuando los coleccionistas se enamoran de la pieza única, y de su historia.

Y esto ocurre exactamente igual sin necesidad de acudir a las subastas de lujo.

Seguro que en tu joyero guardas alguna pieza, tan valiosa para ti, que no venderías por nada del mundo. Quizá porque sabes que es única. Quizá por la historia que guarda detrás. ¿Quién te la dio? ¿En qué circunstancias? ¿Qué vivió esa joya antes de llegar a tus manos? ¿O sólo ha compartido sus secretos contigo? ¿Qué es, exactamente, lo que la hace tan valiosa para ti?

Este, en mi opinión, es también el aspecto que más valor le da a una joya. ¿Cómo no iba a serlo, si es lo único que te impediría venderla?

Por eso, de todo mi trabajo en diseño, quizá el que más disfruto es el diseño de joyas personalizadas. Cada vez que una de vosotras/os me pide una joya personalizada, cuando tengo que hablar y escuchar y entender lo que buscas, y plasmarlo en algo único y totalmente nuevo, con el valor añadido de que tiene una historia forjada en esos mismos metales.

Y eso tiene un valor incalculable. ¿No te parece?

¿Qué hay de ti en la joya? ¿Qué valoras tú en una joya cuando la miras: el diseño, la historia, otras cosas? ¿Cuál es su auténtico valor para ti?

Esta entrada tiene un comentario

  1. Exelente articulo, Gracias por eso.

Deja un comentario

Cerrar menú
×

Carrito

Carrito