¿Qué es un quilate?

y por qué no siempre más es mejor

 

El quilate es una de esas medidas que todos conocemos, pero que no siempre se sabe definir. “Oro de 24 quilates”. “Un diamante de 10 quilates”. Sabemos que tiene que ver con joyería y que de alguna manera indica “calidad”.

Muy bien. ¿Pero qué es un quilate exactamente? Vamos a verlo en este artículo, así como el motivo por el que no siempre más quilates significa algo mejor.


El origen del quilate

La palabra quilate proviene del griego: “keration”, que era el nombre que le daban a la semilla del algarrobo.

que es un quilate

Estas semillas ayudaron a miles de comerciantes a pesar sus joyas en la antigüedad. Foto vía HogarUtil

Estas semillas tienen dos particularidades:

  • Que son muy homogéneas, pesando todas ellas prácticamente lo mismo: entorno a 0,2 gramos, es decir, 1 quilate pesa 0,2 gramos, igual que 1 semilla de algarrobo. Y 1 gramo equivale a 5 quilates.
  • Que se encuentran por todo el Mediterráneo, puesto que el algarrobo era un árbol común muy extendido

Esto las hacía muy útiles para los orfebres y comerciantes de la antigüedad, ya que no existían herramientas de precisión que pudieran indicar el peso de una joya. Contrapesando la balanza con estas semillas de algarrobo, conseguían pesar con bastante exactitud piezas tan pequeñas y valiosas como una gema.

 

El quilate hoy

Ahora la historia ha cambiado. Y, de hecho, debemos diferenciar dos tipos de quilates.

Por un lado está el quilate en gemología. Éste sigue siendo una unidad de peso equivalente a esos 0,2 gramos. Por lo que una esmeralda de, digamos, 34 quilates, pesará 6,8 gramos (¡y será una piedra importante!).

Pero por otro lado está el quilate de orfebrería. Y éste, que es el que más conoce todo el mundo, es el que más cambia de significado.

El quilate en los metales nobles

En orfebrería, llamamos quilate a la unidad de pureza del metal precioso en una determinada aleación. Mediante un sistema de proporciones muy especial, dividido en 24 partes.

¿El motivo?

Como seguro sabrás, en joyería rara vez se utilizan metales nobles puros. Un anillo de oro no está hecho casi nunca de oro puro: el metal es oro en su mayor parte, pero incluye proporciones de otros metales como plata, platino, cobre, cinc, estaño…

Bueno, pues los quilates señalan cuántas partes de esa pieza son de oro puro.

Oro de 24k significa que de 24 partes, las 24 son oro fino.

Oro de 18k significa que de 24 partes, 18 son de oro, mientras que las 6 restantes son de otros metales (lo que supone aproximadamente un 75% de oro puro o fino)

En el oro de 12k, hablamos del 50% de pureza: 12 partes son de oro, y 12 partes de aleación.

 

Por qué no siempre más quilates implica una joya mejor

Como el oro es uno de los metales más valiosos del mundo, el primer pensamiento nos dice que una joya hecha en oro de 24 quilates es más valiosa que una fabricada en oro de 18 quilates.

Y será más valiosa, al menos hablando estrictamente del valor del metal.

Pero ocurre que el oro puro es un metal muy maleable. ¿Nunca viste en una película a un pirata mordiendo una moneda de oro? Es que para comprobar si era oro puro les bastaba con morderla: la marca de los dientes quedaba impresa en el metal.

Por tanto, una pieza de oro puro será más valiosa “a peso” en el mercado. Pero como joya… ¿de verdad quieres una joya que puedes morder?

Una joya de oro puro sencillamente se desgracia con el tiempo. Aparecen marcas, señales, rayadas, etc.

Para que una joya de oro sea resistente, además de hermosa, es preciso rebajar la proporción de oro puro y alearlo con otros metales, que le den las características de resistencia y dureza que necesita una joya para poder lucirla.

Además, en esas aleaciones se esconde mucho arte, ya que según el metal elegido, y su proporción, obtenemos diferentes tonos de oro que van desde el blanco al rosado, y que permiten crear joyas realmente espectaculares.

Pero de todo esto, será mejor hablar en otro artículo las próximas semanas.

Fran Castmay

Como diseñador de joyas, contar historias y representar emociones creando joyas personalizadas, se ha convertido en mi nuevo medio de expresión. ¿Te atreves a vivir una experiencia conmigo? Cuéntame tu historia, juntos la crearemos… empezamos?

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